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Incluso alcanzó a mirar la puerta de reojo, a unos cuatro metros de la mesa bailarina, pero prefirió morir aplastado con los suyos en lugar de sobrevivir a sus muertes trágicas. Se concentró en sus piernas y en poder sostenerse hasta el final del pasillo y allí se volvieron a encontrar todos. Alicia, debajo del marco de una puerta, abrazó a sus dos hijos mientras gritaba Dios mío, protégenos! y mientras el bebé lloraba como un desamparado; Antonio, debajo de otro marco, se quedó en silencio mientras atajaba lo que se desprendía de las puntillas: un espejo de cuerpo entero y un reloj pendular que marcaba la 1:19 de la tarde; y la seora de las labores domésticas, que se levantó tras caerse de la escalera de plástico, llegó corriendo hasta el marco de la tercera habitación para observar cómo se mareaba sin hacer nada..

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